Yo tenía razón

+ […]

– Entiendo, para ti, el comportarse como un crío es totalmente justificable cuando, como bien dices, tienes las de ganar, ¿es así? Y dime, qué beneficio obtienes de todo eso.

+ ¿Acaso has oído algo de lo que te he explicado? Yo tenía razón.

– Lo he oído perfectamente, pero, ¿te sientes más tranquilo por ello? ¿Piensas que esa pataleta hará que no vuelva a cometer ese mismo error?

+ No. Lamentablemente no está en mis manos que ella cambie. Qué iba a hacer, ¿quedarme callado?

– Eso tan solo depende de ti. Mi consejo: sé selectivo en tus batallas. A veces tener paz es mucho mejor que tener la razón.

 

Massagué, Z.

Paz hasta la hora de comer

Paz hasta la hora de comer

 

Sabes a ciencia cierta que no estás bien de la cabeza

cuando empleas tu mañana de domingo guardada anteriormente y a conciencia para estudiar, aún sabiendo la pésima idea que es, en escuchar música y leer tu novela favorita sentada en la fabulosa silla que hay en tu, fabuloso también, balcón de ciudad; y efectivamente, señores, hablo de ese balcón situado a menos metros de un drogas volviendo del after y veinte mil coches creando ambiente que de un árbol sanete y con oxígeno que darte. Y admito, admito que descrito así puede crear una mala expectativa, pero si vierais como me mira… de veras, me observa atento mientras me preparo el desayuno y, usualmente, me dice:

– Ambos sabemos que aquí fuera hace un frío cruel y avinagrado pero yo soy lo más cerca de la paz y el aire puro que tienes en estos momentos, así que coge manta, gorro y  guantes, adéntrate en mí y disfruta.

Tentadoras palabras, pienso. Pero yo, como buena amante de los debates, la conversación productiva y la educación, contesto:

– Dígame, señor, ¿acaso usted me ofrece algún beneficio vacío de deseos momentáneos y/o carnales? ¿De verdad cree que a estas alturas de mi vida dejaré que alguien influya sobre mí con un simple, y para nada colmado de dignidad, Carpe Diem? Míreme atento, pues no volveré a repetirlo, tengo una lista infinita de obligaciones, principios y promesas estudiantiles que cumplir; y, permítame decirle que no están usted ni su ofrenda de paz impresos en ella.

De esta manera empieza una pelea de aproximadamente lo que dura un bocata de medio palmo y un zumo de naranja en mis manos. Tiempo, en mi opinión, no demasiado extenso pero sí intenso y tenso a rabiar. Y cuando se me acaban todos los argumentos llenos del poco palabrerío que mi pequeña cabeza alcanza recordar, me doy cuenta de que ya estoy con el libro en las manos, los pies en la barandilla, y la cabeza en las nubes.

Al menos, hasta la hora de comer.

 

Massagué, Z.

Aquello que escribí y no publiqué

”      Cambio de look más que de bragas, eso es una realidad que estoy dispuesta a asumir. En menos de dos años me he teñido el pelo de 3 colores distintos unas 5 veces, me lo he cortado en 4 ocasiones de maneras muy diferentes y tan solo he utilizado un tanga a vuelta y vuelta, nah. Hace unos minutos, en uno de mis arrebatos: “mírate al espejo pedazo de zorra, tienes que estudiar así que aparta de una puta vez las distracciones de ti”, he buscado en yahoO respuestas si era malo el abuso del cambio de look y, sorprendentemente, no hay nada acerca del tema. Sooospechoso cuanto menos; pero en fin, frecuentemente veo cortes de pelo por seguir modas o por un arrebato fugaz, lo normal, vaya. Pero yo, yo lo hago cada equis tiempo porque siento la necesidad de cambiar de aires. Por supuesto no me refiero solamente al cabello y, por supuesto también, no es mi aspecto lo que me preocupa.

Hoy, 25 de mayo de 2015, cumplo 19 años y me siento la hormiga más pequeña y más cansada del mundo, un bichito de seis patusquis que mil veces ha estado al filo de dejar de luchar por un verano que parece no llegar. Benditos infinitivos vaya pareado me acabo de marcar.
“No podías ser una linda marrriposa, ¿no? melodramática..”
Cuando veo que me estanco o que las cosas no van según yo, avanzo, cambio, dejo todo atrás y vuelvo a empezar. Lo hago drástica e instintivamente.

Tras más tiempo del que me gustaría admitir dándole vueltas al tema… como aquella vez que me pasé un mes entero pensando que vivía en una especie de Matrix y relacionaba cada cosa que me decían con algo que había visto o escuchado… Basta. A lo que iba, he dejado proyectos, amigos, sitios y recuerdos atrás en más de dos y en más de tres ocasiones, a veces por gusto, otras por obligación. No alcanzo ni mis 2 décadas de vida y tengo más preguntas existenciales yo en cinco minutos que la mayoría de personas que conozco en toda su vida, así que mi conclusión, al menos por ahora, es un: no importa, Zaida, no tiene la menor importancia. A día de hoy, no me preocupa lo que esté atrás sino aquello que ahora está a mi lado. No me importa cambiar de corte o color de cabello cada 10 minutos si con eso soy feliz 20. Y no me importa si es algo inmaduro o temporal, porque sé, que tras los proyectos fiesta, que los llamo yo, aquellos eventuales, existe lo verdaderamente importante y por lo que doy gracias cada día, quien crea un Matrix conmigo y quien me saca de él cuando lo necesito.

Estoy segura de que si has aguantado todo este texto aburrido, ligeramente largo, hacepensarneitor y últimamente poco frecuente párrafo zaidoso es porque formo o he formado parte de tu felicidad. Así que solo me queda darte las gracias por existir y desearte un feliz día.

PD: Leer, aunque sea esta shit, alimenta el alma.

25/05/2015       ”

Massagué, Z.

Brevemente

“ – Para ti, ¿qué es ser masoquista? – Te lo explicaré brevemente: ”

Me duele cada uno de los 206 huesos que me sostienen en pie por quedarme, estirada en la cama, hablando con él hasta las cinco de la mañana; me duele el frío del banco, los bares cerrados, las 12:00 h. con el cierre del metro y el reposabrazos que nos separa en la gran pantalla, me duele de veras; y masoquista, porque todo llegó por casualidad, pero yo sé que lo elegí a propósito; y masoquista, porque me metí de lleno, pero ya sé

que no quiero salir de aquí

 

Massagué, Z.

Enfrente

Enfrente

 

Ella enfrente, con los pies en la tierra y la mente en su mundo.

Y yo, intentando encontrarla; y sin poder soltar queja, pues no recordaba la última vez que la había visto sonreír así.

Sí,

algo había cambiado.

Relucía, aunque ella aún no lo viera, relucía;

le declaraba el amor a su espejo, bailaba y canturreaba en todo lo que hacía e incluso había dejado de morderse las uñas.

+ Dime, ¿hay algo que no me hayas contado?

Ella enfrente, buscándome en cada gesto.

Y yo, perdida cuanto menos; y feliz como un mentecato. Tanto, que ni hablar podía.

Y tanto, que poco tardó en preguntarme.

– Sí, lo hay. – contesté.

Prestó entonces toda su atención en mí

como si le estuviese a punto de confesar el secreto más maravilloso del mundo;

[…]

 

 

Massagué, Z.

A ti, que

conocías la fuerza en mi mirada,

la conocías bien;

y de adorarla a temerla pasaste en poco tiempo.

Que no se me ocurriera fijarme en nadie que no fueras tú. Que no se me ocurriera comentar los andares, la vestimenta, la peluca, lo ojos ni las pecas de nadie. De nadie que no fueras tú.

Conocías la magia en mi sonrisa,

la conocías bien;

y de adorarla a temerla pasaste en poco tiempo.

Que no se me ocurriera reír con nadie que no fueras tú. Que no se me ocurriera compartir mañanas de playa, tardes de cervezas ni noches de billar con nadie. Con nadie que no fueras tú.

Conociste el cariño en mis abrazos, la pasión en mis besos, la ternura en mi atención,

me conociste bien;

y de adorarme a temerme pasaste en poco tiempo;

y jamás entendiste que todo eso era solo para ti.

Hasta que dejó de serlo.

Massagué, Z.

Ya no tenía sabor

– Eh, eh, eh, ¿pero qué haces? ¿crees de veras que tienes la supremacía suficiente o mínima para tocarme los huevos con tal calibre?  Te he ofrecido el último chicle de la caja hace apenas dos minutos y, ¡¿lo acabas de tirar en mi puta cara?! Al menos disimula, ¡hostia!, tío, ¡qué poco respeto!

– …no ha sido fortuito no te pongas así. Ya no tenía sabor.

– Tú sí que no tienes sabor, insulso, desaborido, desabrido e insustancial de mierda, ¿sabes lo que molesta eso? Dime, ¿alguna vez has prestado el último euro de tu monedero y lo han malgastado? ¿alguna vez has obsequiado tu último trozo de pastel y no lo han disfrutado? ¿alguna vez has ofrecido un último aliento y no lo han valorado? ¿alguna vez has regalado tu última triza de corazón y la han destrozado? ¡Así va! Y si no puedes entender que lo que para ti es llano y sin sentido para mi es un mundo, apártate de mi vista.

Massagué, Z.